miércoles, 30 de abril de 2014

Juan 3; 16 – 21

¡Así amo DIOS al mundo! Le dio al HIJO único, para que quien cree en El no se pierda, sino que tenga vida eterna.
DIOS no envió al HIJO al mundo para condenar al mundo, sino para que se salve el mundo gracias a EL. Para quien cree en EL no hay juicio. En cambio, el que no cree ya se ha condenado, por el echo de no creer en el nombre del hijo único de DIOS
Esto requiere un juicio; la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron las tinieblas a la luz, porque sus obras eran malas. Pues el que obra el mal odia la luz y no va a la luz, no sea que sus obras sean descubiertas y condenadas.

Comentario

Esta imagen ahora es el contrapunto entre luz y oscuridad. Quien está en Dios, no tiene nada que ocultar, no se mueve en las sombras ni planea a escondidas. Quien está en Dios vive su vida diáfanamente. Al acercarnos a la luz divina, nos hacemos más luminosos, y podemos irradiar esa chispa divina en nuestro entorno.



martes, 29 de abril de 2014

Juan 3; 7 – 15

“No te extrañes que haya dicho: Necesitan nacer de nuevo desde arriba. El viento sopla donde quiere, y tú oyes su silbido, pero no sabes de donde viene ni adonde va. Lo mismo sucede al que ha nacido del Espíritu.”
Nicodemo volvió a preguntarle: ¿Cómo puede ser eso?  Respondió JESUS: “Tú eres maestro en Israel, y ¿no sabes estas cosas?
En verdad te digo que nosotros hablamos de lo que sabemos, y damos testimonio de lo que hemos visto, pero ustedes no aceptan nuestro testimonio. Si ustedes no creen cuando les hablo de cosas de la tierra, ¿cómo van a creer si les hablo del cosas del Cielo? Sin embargo, nadie ha subido al cielo sino el que ha bajado del Cielo, el Hijo del Hombre.
Recuerden la serpiente que hizo levantar Moisés en el desierto, así también tiene que ser levantado el Hijo del Hombre, entonces todo el que crea en El tendrá vida eterna.”

Comentario

La imagen que aparece en esta parte del diálogo es la contraposición arriba-abajo. Jesucristo viene desde lo alto, y nos trae el conocimiento de las cosas celestiales y de la vida divina. Nicodemo era un maestro, pero todavía no había llegado a este conocimiento vital de “lo de arriba”. Pidamos al Espíritu que nos dé el gusto por las cosas de arriba y que, mientras caminamos por esta tierra, podamos impregnar nuestro sendero de todo aquello que nos eleva espiritualmente.


lunes, 28 de abril de 2014

JESUS y Nicodemo (Juan 3; 1 – 8)

Entre los Fariseos había un personaje Judío llamado Nicodemo. Este fue de noche a ver a JESUS y le dijo: Rabbí, sabemos que has venido de parte de DIOS como maestro, porque nadie puede hacer señales milagrosas  como las que TU haces, a no ser que DIOS este con él.
JESUS le contesto: “En verdad te digo que nadie puede ver el Reino de DIOS si no nace de nuevo desde arriba.”
Nicodemo le dijo: ¿Cómo renacerá el hombre ya viejo? ¿Quién volverá al ceno de su madre para renacer una segunda vez? JESUS le contesto: “En verdad te digo, el que no renace del agua y del espíritu no puede entrar en el Reino de DIOS. Lo que nace de la carne es carne, y lo que nace del Espíritu es Espíritu.
No te extrañes que te haya dicho: necesitan nacer de nuevo desde arriba. El viento sopla donde quiere, y tu oyes su silbido, pero no sabes de donde viene ni a donde va. Lo mismo sucede con el que ha nacido del Espíritu”

Comentario

Durante este tiempo de Pascua, meditaremos el Evangelio según san Juan. Este evangelio nos presenta a Jesucristo y su obra por medio de numerosos símbolos e imágenes. En esta primera parte del diálogo con Nicodemo, el símbolo es el viento, “que sopla donde quiere”. Dejémonos inundar por ese viento animador, y que nos conduzca donde Dios quiera.



domingo, 27 de abril de 2014

Juan 20; 19 – 31

Ese mismo día, los Discípulos estaban reunidos por la tarde con las puertas cerradas por miedo a los Judíos. Llegó JESUS, se puso de pie en medio de ellos y les dijo: “¡La paz este con ustedes!” Dicho esto, les mostro las manos y el costado. Los Discípulos se alegraron mucho al ver al SEÑOR.
JESUS les volvió a decir: “¡La paz este con ustedes! Como el PADRE me envió a mí, así los envío Yo también Dicho esto, sopló sobre ellos: reciban el Espíritu Santo, a quienes descarguen de sus pecados, serán liberados, y a quienes se los retengan, les serán retenidos.”
Tomás, uno de los doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino JESUS. Los otros Discípulos le dijeron: ¡Hemos visto al SEÑOR! Pero él contesto: Hasta que no vea las marcas de los clavo en sus manos, no meta mis dedos en las marcas de los agujeros delos clavos y no introduzca mi mano en la herida de su costado, no creeré.
Ocho días después, los Discípulos de JESUS estaban otra vez en casa, y Tomás con ellos. Estando las puertas cerradas, JESUS vino y se puso en medio de ellos. Les dijo: “La paz este con ustedes” Después dijo a Tomas: “Pon aquí tu dedo y mira mis manos; extiende tu mano y métela en mi costado. Deja de negar y cree”
Tomás exclamó: TU eres mi SEÑOR y mi DIOS. JESUS replicó: “Crees porque me has visto, ¡felices los que no han visto, pero creen!”
Muchas otras señales milagrosas hizo JESUS en presencia de sus Discípulos que no están escritas en este libro. Estas han sido escritas para que crean que JESUS es el CRISTO, el HIJO de DIOS. Crean, y tendrán vida por su nombre.

Comentario

En este día de la misericordia, las palabras de Jesús nos hablan de perdón. Ese perdón que viene de Dios, porque él se apiada de toda nuestra miseria y nuestra bajeza y quiere, en su Espíritu, darnos vida nueva. Él se apiada incluso de nuestra incredulidad, como lo hizo con Tomás. Con ese perdón nace la paz que afianza la comunidad.


sábado, 26 de abril de 2014

Conclusión del Evangelio (Marcos 16; 9 – 15)

JESUS, pues, resucito en la madrugada del primer día de la semana. Se apareció primero a María Magdalena, de la que había echado siete demonios. Ella fue a anunciárselo a los que habían sido compañeros de JESUS y que estaban tristes y lo lloraban. Pero al oírle decir que vivía y que lo había visto, no le creyeron.
Después JESUS se apareció, bajo otro aspecto, a dos de ellos que se dirigían a un pueblito. Volvieron a contárselo a los demás, pero tampoco les creyeron.
Por último se apareció a los once Discípulos mientras comían, y los reprendió por su falta de Fe y por su dureza para creer a los que lo habían visto resucitado.
Y les dijo: “Vayan por todo el mundo y anuncien la buena nueva a toda la creación. El que crea y se bautice, se salvará; el que se niegue a creer será condenado.”

Comentario

El final de su Evangelio, san Marcos nos presenta un resumen de las distintas apariciones de Jesús resucitado y del modo en que esta noticia se difundió en la comunidad. Y concluye con el mandato de Jesús. Nuestra tarea, el trabajo de sus seguidores, es una labor de vida y sanación, de anuncio y gozo. Es el cuidado de expulsar el mal en todas sus formas e inundar la existencia con la alegría de sabernos amados por Dios.



viernes, 25 de abril de 2014

La manifestación de JESU a orillas del lago (Juan 21; 1 – 14)

Después de esto, nuevamente se manifestó JESUS a sus Discípulos a orillas del lago de Tiberíades. Y se manifestó como sigue: Estaban reunidos Simón Pedro, Tomás el mellizo, Natanael, de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo, y otros dos Discípulos. Simón Pedro, les dijo: Voy a pescar. Contestaron: Vamos también nosotros contigo. Salieron, pues, y subieron a la barca, pero aquella noche no pescaron nada.
Al amanecer, JESUS estaba parado en la orilla, pero los Discípulos no sabían que era EL. JESUS les dijo: “Muchachos, ¿tienen algo de comer?”  Le contestaron: Nada. Entonces JESU les dijo: “Echen la red a la derecha y encontraran pesca” Echaron la red y no tenían fuerzas parta para recoger la gran cantidad de peces.
El Discípulo al que JESUS amaba dijo a Simón Pedro: Es el SEÑOR, apenas Pedro oyó decir que era el SEÑOR, se puso la ropa pues estaba sin nada, y se echo al agua. Los otros Discípulos llegaron con la barca. (De echo no estaban lejos, a unos cien metros de la orilla); Arrastraban la red llena de peces.
Al bajar a tierra encontraron el fuego encendido, pescado sobre las brasas y pan, JESUS les dijo: “Traigan algunos de los pescados que acaban de sacar” Simón Pedro subió a la  barca y saco la red llena con ciento cincuenta y tres pescado grandes. Y a pesar de que hubiera tantos,  no se rompió la red.
Entonces JESUS les dijo: “Vengan a desayunar” Ninguno de los Discípulos se atrevió a preguntarle quien era, pues sabían que era el SEÑOR. JESUS se acerco, tomó el pan y se lo repartió, lo mismo hizo con los pescados.
Esta fue la tercera vez que JESUS se manifestó a sus Discípulos después de resucitar de ente los muertos.

Comentario

¡Cuántas veces no reconocemos a Jesús! ¡Cuántas veces “la neblina del lago” nos impide percatarnos de su presencia! ¡Cuántas veces nuestra propia incredulidad se niega a ver al Resucitado! Por eso hace falta un corazón atento como el del discípulo amado. Quien vive en el amor, reconocerá a Jesús presente en toda circunstancia.


jueves, 24 de abril de 2014

Lucas 24; 35 – 48

Ellos, por su parte, contaron lo sucedido en el camino y como lo habían reconocido al partir el pan.
Mientras estaban hablando de todo esto, JESUS se presento en medio de ellos (Y les dijo: “Paz a ustedes”)  Quedaron atónitos y asustados, pensando que veían algún espíritu, pero El les dijo: “¿Por qué se desconciertan? ¿Cómo se les ocurre pensar eso? Miren mis manos y mis pies soy YO tóquenme mírenme bien que un espíritu no tiene carne ni huesos, como ustedes ven que YO tengo” (dicho esto les mostro las manos y los pies)
Y como no acababan de creerlo por su gran alegría seguían maravillados, les dijo: “¿Tienen aquí algo de comer?” Ellos, entonces le ofrecieron un pedazo de pescado asado (y una porción de miel); lo tomó y lo comió delante de ellos.
JESUS les dijo: “Todo esto se los había dicho cuando todavía estaba con ustedes; tenía que cumplirse todo lo que esta en la ley de Moisés, en los profetas y en los Salmos referente a MI.”
Entonces les abrió la mente para que entendieran las escrituras. Les dijo: “Todo esto estaba escrito: los padecimientos del mesías y su resurrección de entre los muertos al tercer día. Luego debe proclamarse en su nombre el arrepentimiento y el perdón de los pecados, comenzando por Jerusalén, y yendo después a todas las naciones, invitándolas a que se conviertan. Ustedes son testigos de todo esto.”

Comentario

El Evangelio de Lucas concluye presentándonos por boca de Jesús un resumen de nuestra fe: Jesucristo murió y resucitó para el perdón de los pecados, en cumplimiento de las promesas hechas por Dios en la Sagrada Escritura. A este núcleo del mensaje cristiano, se lo llama kerygma (“anuncio”, en griego) y es el centro de la Buena Noticia que la Iglesia debe seguir anunciando hoy.



miércoles, 23 de abril de 2014

Los Discípulos de Eamús (Lucas 24; 13 - 35)

Aquel mismo día dos Discípulos se dirigían a una localidad llamada Emaús, que esta a unos doce kilómetros de Jerusalén, e iban conversando sobre todo lo que había ocurrido. Mientras conversaban y discutían, JESUS  en persona se le apareció y comenzó a caminar con ellos, pero algo impedía que sus ojos lo reconocieran.
El le dijo: “¿De que van discutiendo por el camino?” se detuvieron, y parecían muy desanimados. Uno de ellos llamado Cleofás, le contesto: ¿Cómo? ¿eres tú el único peregrino de Jerusalén que no esta enterado de lo que ha pasado en estos días? ¿Que paso? Les pregunto. Le contestaron: ¡Todo el asunto de JESUS Nazareno!
Era un profeta poderoso en obras y palabras, reconocido por DIOS y por todo el pueblo. Pero nuestros sumo sacerdotes y nuestros jefes renegaron de EL, lo hicieron condenar a muerte y clavar en la cruz. Nosotros pensamos que El sería el que traería la salvación a Israel. Sea lo que sea, ya van dos días de que sucedieron estas cosas.
En realidad, algunas mujeres de nuestro grupo nos han inquietado, pues fueron muy de mañana al sepulcro y, no hallar el cuerpo, volvieron hablando de una aparición de ángeles que decían que estaba vivo. Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y hallaron todo como lo habían dicho las mujeres, pero a EL no lo vieron.
Entonces El les dijo: “¡Que poco entienden ustedes que lento son sus corazones para creer todo lo que anunciaron los profetas! ¿No tenía que ser así y que el Mesías padecería para entrar en su gloria? Y les interpreto lo que decía de El en todas las escrituras, comenzando por Moisés y seguido por los profetas”
Al llegar ceca del pueblo al que iban, hizo como que quería seguir adelante, pero ellos le siguieron diciendo: Quédate con nosotros, ya esta cayendo la tarde y se termina el día. Entró pues para quedarse con ellos.
Y mientras estaba en la mesa con ellos, tomó el pan, pronuncio la bendición, lo partió y se lo dio. En ese momento se le abrieron los ojos, y lo reconocieron, pero EL desapareció.
Entonces se dijeron el uno al otro: ¿No sentíamos arder nuestro corazón cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las escrituras?
De inmediato se levantaron y volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los once y a los de su grupo. Estos le dijeron: Es verdad el SEÑOR ha resucitado y se ha aparecido a Simón. Ellos, por su parte, contaron lo sucedido en el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Comentario

Reconocer a Jesús provoca un cambio en el camino. Estos discípulos, que se alejaban de la comunidad, volvieron sobre sus pasos. Volvieron para el encuentro, el anuncio y la alegría compartida. Porque la fe cristiana es tal cuando se vive en comunidad.


martes, 22 de abril de 2014

Juan 20; 11 – 18

María se había quedado llorando afuera, junto al sepulcro. Mientras lloraba se inclinó para ver dentro, y vio a dos ángeles vestidos de banco, sentados donde había estado el cuerpo de JESUS, uno a la cabecera y el otro a los pies. Le dijeron: Mujer, ¿Por qué lloras? Les respondió: porque se han llevado a mi SEÑOR y no sé  dónde lo han puesto.
Dicho esto, se dio vuelta y vio a JESUS allí, de pie, pero no sabía que era JESUS. JESUS le dijo: “Mujer, ¿porque lloras?” Ella creyó  que era el cuidador del huerto y le contesto: Señor, si tu lo has llevado, dime donde lo has puesto, y yo me lo llevaré.
JESUS le dijo: “María” Ella se dio la vuelta y le dijo: Rabboni, que quiere decir Maestro, JESUS le dijo: “Suéltame, pues aun no he subido al PADRE. Pero vete donde mis hermanos, y diles: Subo a Mi PADRE, que es el PADRE de ustedes, a mi DIOS, que es DIOS de todos ustedes. ”
María Magdalena se fue y dijo a los Discípulos: He visto al SEÑOR y me ha dicho esto.

Comentario

Al comparar los pasajes evangélicos que relatan cómo las mujeres fueron al sepulcro y se encontraron con Jesús, san Agustín se preguntaba por qué en todos ellos santa María Magdalena tuvo un rol tan destacado. En este relato según san Juan, concretamente, ella tiene un encuentro a solas con Jesús resucitado, quien le confía la misión de ir a anunciar, haciendo de ella una apóstol, una enviada. Y concluye san Agustín diciendo que ella mereció este lugar tan destacado porque, entre todas las discípulas, ella era “la más ferviente en el amor” (San Agustín, Concordancia de los evangelios, III, 69).


lunes, 21 de abril de 2014

(Mateo 28; 8 – 15)

Ellas se fueron al instante del sepulcro, con temor, pero con una alegría inmensa a la vez, y corrieron a llevar la noticia a los Discípulos.
En eso JESUS les salió al encuentro en el camino y les dijo: “Paz a ustedes” Las mujeres se acercaron, se abrazaron a sus pies y lo adoraron. JESUS les dijo: “No tengan miedo. Vayan ahora y digan a mis hermanos que se dirijan a Galilea. Allí me verán.”
Mientras las mujeres iban, unos guardias corrieron a la ciudad y contaron a los jefes de los sacerdotes todo lo que había pasado. Ellos se reunieron con las autoridades Judías y acordaron dar a los soldados una buena cantidad de dinero  para que dijeran: Los discípulos de JESUS vinieron de noche y, como estábamos dormidos, robaron el cuerpo. Si esto llega a oídos de Pilatos, nosotros lo arreglaremos para que no tengan problemas. Los soldados recibieron el dinero e hicieron como les habían dicho. Desde allí ha salido la mentira que se ha corrido entre los Judíos hasta el día de hoy.

Comentario

“El poder de las tinieblas”, como lo llamó Jesús, no ahorra recursos: influencias, contactos, dinero, sobornos, todo vale para lograr sus fines. Pero la Vida no se puede ocultar. Quienes creemos en Jesús, seguiremos proclamando que él está vivo.



domingo, 20 de abril de 2014

El SEÑOR ha resucitado (Juan 20; 1 - 9)

El primer día después del sábado, María Magdalena fue al sepulcro muy temprano, cuando todavía estaba oscuro, y vio que la piedra que cerraba la entrada del sepulcro había sido removida. Fue corriendo en busca de Simón Pedro y del otro Discípulo a quien JESUS amaba y le dijo: Se han llevado del sepulcro al SEÑOR y no sabemos donde lo han puesto.
Pedro y el otro Discípulo salieron para el sepulcro. Corrían los dos juntos, pero el otro Discípulo corrió mas que Pedro y llegó primero al sepulcro. Como se inclinara, vio los lienzos caídos, pero no entró. Pedro llegó detrás, entró en el sepulcro y vio también los lienzos caídos. El sudario con que habían cubierto la cabeza no se había caído como los lienzos, sino que se mantenía enrollado en su lugar. Entonces entró también el otro Discípulo, el que había llegado primero, vio y creyó. Pues no habían entendido todavía la escritura: ¡EL, DEBÍA resucitar de entre los muertos!  

Comentario

Aunque todavía estaba oscuro, María Magdalena fue al sepulcro. No siempre es patente la luz de la resurrección, no siempre vemos con claridad. Pero esta discípula nos habla de no dejarnos vencer, de no quedarnos quietos. Estaba oscuro, pero ella igual se animó. Y buscando entre penumbras, se hizo la luz para recordar y comprender las promesas de la Sagrada Escritura.



sábado, 19 de abril de 2014

JESUS resucitado se aparece a las mujeres (Mateo 28; 1 – 10)

Pasado el sábado, al atardecer del primer día de la semana, fueron María magdalena y la otra María a visitar el sepulcro. De repente se produjo un violento temblor; el ángel del SEÑOR bajo del cielo, se dirigió al sepulcro, hizo rodar la piedra de la entrada y se sentó sobre ella. Su aspecto era como el relámpago y sus ropas blancas como la nieve. Al ver al ángel, los guardias temblaron de miedo y se quedaron como muertos.
El ángel dijo a las mujeres: Ustedes no tienen por que temer. Yo se que buscan a JESUS, que fue crucificado. No esta aquí, pues ha resucitado, tal como lo había anunciado. Vengan a ver el lugar donde lo habían puesto, pero vuelvan en seguida y digan a sus Discípulos: Ha resucitado de entre los muertos y ya se les adelanta camino a Galilea. Allí lo verán ustedes. Con esto ya se los dije todo.
 Ellas se fueron al instante del sepulcro, con temor, pero con una alegría inmensa a la vez, y corrieron a llevar la noticia a los Discípulos.
En eso JESUS les salió al encuentro en el camino y les dijo: “Paz a ustedes” Las mujeres se acercaron y se abrazaron a sus pies y lo adoraron. JESUS les dijo: “No tengan miedo. Vayan ahora y digan a mis hermanos que se dirijan a Galilea. Allí me verán”



viernes, 18 de abril de 2014

Evangelio     Jn 18, 1—19, 42
Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Juan.
¿A quién buscan?
 Jesús fue con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón. Había en ese lugar un huerto y allí entró con ellos. Judas, el traidor, también conocía el lugar porque Jesús y sus discípulos se reunían allí con frecuencia. Entonces Judas, al frente de un destacamento de soldados y de los guardias designados por los sumos sacerdotes y los fariseos, llegó allí con faroles, antorchas y armas. Jesús, sabiendo todo lo que le iba a suceder, se adelantó y les preguntó:  “¿A quién buscan?”.  Le respondieron: “A Jesús, el Nazareno”.  Él les dijo: “Soy yo”.  Judas, el que lo entregaba estaba con ellos. Cuando Jesús les dijo: “Soy yo”, ellos retrocedieron y cayeron en tierra. Les preguntó nuevamente: “¿A quién buscan?”.  Le dijeron:  “A Jesús, el Nazareno”.  Jesús repitió:  “Ya les dije que soy yo. Si es a mí a quien buscan, dejen que estos se vayan”.  Así debía cumplirse la palabra que él había dicho: “No he perdido a ninguno de los que me confiaste”. Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió al servidor del Sumo Sacerdote, cortándole la oreja derecha. El servidor se llamaba Malco. Jesús dijo a Simón Pedro:  “Envaina tu espada. ¿Acaso no beberé el cáliz que me ha dado el Padre?”.
Se apoderaron de Jesús y lo ataron
C. El destacamento de soldados, con el tribuno y los guardias judíos, se apoderaron de Jesús y lo ataron. Lo llevaron primero ante Anás, porque era suegro de Caifás, Sumo Sacerdote aquel año. Caifás era el que había aconsejado a los judíos: “Es preferible que un solo hombre muera por el pueblo”. ¿No eres tú también uno de los discípulos de ese hombre?
Entre tanto, Simón Pedro, acompañado de otro discípulo, seguía a Jesús. Este discípulo, que era conocido del Sumo Sacerdote, entró con Jesús en el patio del Pontífice, mientras Pedro permanecía afuera, en la puerta. El otro discípulo, el que era conocido del Sumo Sacerdote, salió, habló a la portera e hizo entrar a Pedro. La portera dijo entonces a Pedro:  “¿No eres tú también uno de los discípulos de ese hombre?”. Él le respondió:  “No lo soy”. Los servidores y los guardias se calentaban junto al fuego, que habían encendido porque hacía frío. Pedro también estaba con ellos, junto al fuego. El Sumo Sacerdote interrogó a Jesús acerca de sus discípulos y de su enseñanza. Jesús le respondió:  “He hablado abiertamente al mundo; siempre enseñé en la sinagoga y en el Templo, donde se reúnen todos los judíos, y no he dicho nada en secreto. ¿Por qué me interrogas a mí? Pregunta a los que me han oído qué les enseñé. Ellos saben bien lo que he dicho”.  Apenas Jesús dijo esto, uno de los guardias allí presentes le dio una bofetada, diciéndole: “¿Así respondes al Sumo Sacerdote?”. Jesús le respondió:  “Si he hablado mal, muestra en qué ha sido; pero si he hablado bien, ¿por qué me pegas?”. Entonces Anás lo envió atado ante el Sumo Sacerdote Caifás. Simón Pedro permanecía junto al fuego. Los que estaban con él le dijeron: “¿No eres tú también uno de sus discípulos?”.  Él lo negó y dijo: “No lo soy”.   Uno de los servidores del Sumo Sacerdote, pariente de aquel al que Pedro había cortado la oreja, insistió:  “¿Acaso no te vi con él en la huerta?”. Pedro volvió a negarlo, y en seguida cantó el gallo.
Mi realeza no es de este mundo
C. Desde la casa de Caifás llevaron a Jesús al pretorio. Era de madrugada. Pero ellos no entraron en el pretorio, para no contaminarse y poder así participar en la comida de Pascua. Pilato salió adonde estaban ellos y les preguntó:
S. “¿Qué acusación traen contra este hombre?”.
C. Ellos respondieron:
S. “Si no fuera un malhechor, no te lo hubiéramos entregado”.
C. Pilato les dijo:
S. “Tómenlo y júzguenlo ustedes mismos, según la ley que tienen”.
C. Los judíos le dijeron:
S. “A nosotros no nos está permitido dar muerte a nadie”.
C. Así debía cumplirse lo que había dicho Jesús cuando indicó cómo iba a morir. Pilato volvió a entrar en el pretorio, llamó a Jesús y le preguntó:
S. “¿Eres tú el rey de los judíos?”.
C. Jesús le respondió:
JHS “¿Dices esto por ti mismo u otros te lo han dicho de mí?”.
C. Pilato replicó:
S. “¿Acaso yo soy judío? Tus compatriotas y los sumos sacerdotes te han puesto en mis manos. ¿Qué es lo que has hecho?”.
C. Jesús respondió:
JHS “Mi realeza no es de este mundo. Si mi realeza fuera de este mundo, los que están a mi servicio habrían combatido para que yo no fuera entregado a los judíos. Pero mi realeza no es de aquí”.
C. Pilato le dijo:
S. “¿Entonces tú eres rey?”.
C. Jesús respondió:
JHS “Tú lo dices: Yo soy rey. Para esto he nacido y he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. El que es de la verdad, escucha mi voz”.
Pilato le preguntó: “¿Qué es la verdad?”.  Al decir esto, salió nuevamente a donde estaban los judíos y les dijo: “Yo no encuentro en él ningún motivo para condenarlo. Y ya que ustedes tienen la costumbre de que ponga en libertad a alguien, en ocasión de la Pascua, ¿quieren que suelte al rey de los judíos?”. Ellos comenzaron a gritar, diciendo:  “¡A él no, a Barrabás!”. Barrabás era un bandido.
¡Salud, rey de los judíos!
Entonces Pilato tomó a Jesús y lo azotó. Los soldados tejieron una corona de espinas y se la pusieron sobre la cabeza. Lo revistieron con un manto púrpura, y acercándose, le decían: “¡Salud, rey de los judíos!”. Y lo abofeteaban. Pilato volvió a salir y les dijo:  “Miren, lo traigo afuera para que sepan que no encuentro en él ningún motivo de condena”.  Jesús salió, llevando la corona de espinas y el manto púrpura. Pilato les dijo: “¡Aquí tienen al hombre!”.  Cuando los sumos sacerdotes y los guardias lo vieron, gritaron: “¡Crucifícalo! ¡Crucifícalo!”.  Pilato les dijo:  “Tómenlo ustedes y crucifíquenlo. Yo no encuentro en él ningún motivo para condenarlo”.  Los judíos respondieron: “Nosotros tenemos una Ley, y según esa Ley debe morir porque él pretende ser Hijo de Dios”. Al oír estas palabras, Pilato se alarmó más todavía. Volvió a entrar en el pretorio y preguntó a Jesús:   “¿De dónde eres tú?”. Pero Jesús no le respondió nada. Pilato le dijo: “¿No quieres hablarme? ¿No sabes que tengo autoridad para soltarte y también para crucificarte?”.  Jesús le respondió:  “Tú no tendrías sobre mí ninguna autoridad, si esta ocasión no la hubieras recibido de lo alto. Por eso, el que me ha entregado a ti ha cometido un pecado más grave”.
¡Sácalo! ¡Sácalo! ¡Crucifícalo! Desde ese momento, Pilato trataba de ponerlo en libertad. Pero los judíos gritaban: “Si lo sueltas, no eres amigo del César, porque el que se hace rey se opone al César”.  Al oír esto, Pilato sacó afuera a Jesús y lo hizo sentar sobre un estrado, en el lugar llamado “el Empedrado”, en hebreo, “Gábata”. Era el día de la Preparación de la Pascua, alrededor del mediodía. Pilato dijo a los judíos: “Aquí tienen a su rey”. Ellos vociferaban:  “¡Sácalo! ¡Sácalo! ¡Crucifícalo!”. Pilato les dijo: “¿Voy a crucificar a su rey?”. Los sumos sacerdotes respondieron:  “No tenemos otro rey que el César”. Entonces Pilato se lo entregó para que lo crucificaran, y ellos se lo llevaron. Lo crucificaron, y con él a otros dos Jesús, cargando sobre sí la cruz, salió de la ciudad para dirigirse al lugar llamado “del Cráneo”, en hebreo “Gólgota”. Allí lo crucificaron; y con él a otros dos, uno a cada lado y Jesús en el medio. Pilato redactó una inscripción que decía: “Jesús el Nazareno, rey de los judíos”, y la colocó sobre la cruz. Muchos judíos leyeron esta inscripción, porque el lugar donde Jesús fue crucificado quedaba cerca de la ciudad y la inscripción estaba en hebreo, latín y griego. Los sumos sacerdotes de los judíos dijeron a Pilato: “No escribas: ‘El rey de los judíos’, sino: ‘Éste ha dicho: Yo soy el rey de los judíos’”. Pilato respondió: “Lo escrito, escrito está”.
Se repartieron mis vestiduras
Después que los soldados crucificaron a Jesús, tomaron sus vestiduras y las dividieron en cuatro partes, una para cada uno. Tomaron también la túnica, y como no tenía costura, porque estaba hecha de una sola pieza de arriba abajo, se dijeron entre sí: “No la rompamos. Vamos a sortearla, para ver a quién le toca”.  Así se cumplió la Escritura que dice: “Se repartieron mis vestiduras y sortearon mi túnica”. Esto fue lo que hicieron los soldados. ¡Aquí tienes a tu hijo! ¡Aquí tienes a tu madre!  Junto a la cruz de Jesús, estaba su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Al ver a la madre y cerca de ella al discípulo a quien él amaba, Jesús le dijo: “Mujer, aquí tienes a tu hijo”. Luego dijo al discípulo: “Aquí tienes a tu madre”. Y desde aquella hora, el discípulo la recibió como suya.
Todo se ha cumplido
Después, sabiendo que ya todo estaba cumplido, y para que la Escritura se cumpliera hasta el final, Jesús dijo: “Tengo sed”. Había allí un recipiente lleno de vinagre; empaparon en él una esponja, la ataron a una rama de hisopo y se la acercaron a la boca. Después de beber el vinagre, dijo Jesús:  “Todo se ha cumplido”. E inclinando la cabeza, entregó el espíritu. (Aquí todos se arrodillan, y se hace un breve silencio de adoración).
En seguida brotó sangre y agua
Era el día de la Preparación de la Pascua. Los judíos pidieron a Pilato que hiciera quebrar las piernas de los crucificados y mandara retirar sus cuerpos, para que no quedaran en la cruz durante el sábado, porque ese sábado era muy solemne. Los soldados fueron y quebraron las piernas a los dos que habían sido crucificados con Jesús. Cuando llegaron a él, al ver que ya estaba muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le atravesó el costado con la lanza, y en seguida brotó sangre y agua. El que vio esto lo atestigua: su testimonio es verdadero y él sabe que dice la verdad, para que también ustedes crean. Esto sucedió para que se cumpliera la Escritura que dice: “No le quebrarán ninguno de sus huesos”. Y otro pasaje de la Escritura, dice: “Verán al que ellos mismos traspasaron”.
Envolvieron con vendas el cuerpo de Jesús y le agregaron la mezcla de perfumes Después de esto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús –pero secretamente, por temor a los judíos– pidió autorización a Pilato para retirar el cuerpo de Jesús. Pilato se la concedió, y él fue a retirarlo. Fue también Nicodemo, el mismo que anteriormente había ido a verlo de noche, y trajo una mezcla de mirra y áloe, que pesaba unos treinta kilos. Tomaron entonces el cuerpo de Jesús y lo envolvieron con vendas, agregándole la mezcla de perfumes, según la costumbre de sepultar que tienen los judíos. En el lugar donde lo crucificaron había una huerta y en ella, una tumba nueva, en la que todavía nadie había sido sepultado. Como era para los judíos el día de la Preparación y el sepulcro estaba cerca, pusieron allí a Jesús.



jueves, 17 de abril de 2014

 JESUS lava los pies a sus Discípulos (Juan 13; 1 – 15)

Antes de la fiesta de pascua, sabiendo JESUS que le había llegado la hora de salir de este mundo para ir al PADRE, como había amado a los suyos que quedaban en el mundo, los amó hasta el extremo.
Estaban comiendo la cena y el diablo ya había depositado en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarle. JESUS, por su parte, sabía que el PADRE había puesto todas las cosas en sus manos y que había salido de DIOS  y que a DIOS volvía. Entonces se levantó de la mesa, se quito el manto y se ató una toalla a la cintura. Echó agua en un recipiente y se puso a lavar los pies de los Discípulos, y luego se los secaba con la toalla que se había atado.
Cuando llegó a Simón Pedro, este le dijo: ¿Tu SEÑOR, me vas a lavar los pies a mi? Y JESUS le contesto: “Tu no puedes comprender ahora lo que estoy haciendo. Lo comprenderás mas tarde” Pedro replicó: Jamás me lavaras los pies. JESUS le respondió: “Si no te lavo, no podrás tener parte este domingo” Entonces Pedro le dijo: SEÑOR, lávame no solo los pies, sino también las manos y la cabeza.
JESUS le dijo: ”El que se ha bañado esta completamente limpio y le basta lavarse los pies. Y ustedes están limpios, aunque no todos.” JESUS sabía quien lo iba a entregar, por eso dijo: “No todos ustedes están limpios.”
Cuando termino de lavarles los pies, se puso de nuevo el manto, volvió a la mesa y les dijo: “¿comprenden lo que he hecho con ustedes? Ustedes me llaman Maestro y SEÑOR, y dicen bien, porque lo soy. Pues si Yo, siendo el SEÑOR y el Maestro, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies unos a otros. Yo les he dado el ejemplo, y ustedes deben hacer lo mismo que he hecho yo.”

Comentario

La mesa compartida es la ocasión para que las vidas se revelen. La vida de Jesús es puro amor, y así lo será hasta el final, amando con el servicio humilde y cariñoso. Nuestras misas también son reveladoras de la vida de nuestra comunidad. Pueden ser solamente un rito externo, o verdadera expresión de una comunidad que se ama. Si es así, este amor se extenderá fuera de la celebración, cuando salgamos al encuentro de aquel que está esperando el servicio y el gesto cariñoso que dignifique su vida.


 JESUS lava los pies a sus Discípulos (Juan 13; 1 – 15)

Antes de la fiesta de pascua, sabiendo JESUS que le había llegado la hora de salir de este mundo para ir al PADRE, como había amado a los suyos que quedaban en el mundo, los amó hasta el extremo.
Estaban comiendo la cena y el diablo ya había depositado en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarle. JESUS, por su parte, sabía que el PADRE había puesto todas las cosas en sus manos y que había salido de DIOS  y que a DIOS volvía. Entonces se levantó de la mesa, se quito el manto y se ató una toalla a la cintura. Echó agua en un recipiente y se puso a lavar los pies de los Discípulos, y luego se los secaba con la toalla que se había atado.
Cuando llegó a Simón Pedro, este le dijo: ¿Tu SEÑOR, me vas a lavar los pies a mi? Y JESUS le contesto: “Tu no puedes comprender ahora lo que estoy haciendo. Lo comprenderás mas tarde” Pedro replicó: Jamás me lavaras los pies. JESUS le respondió: “Si no te lavo, no podrás tener parte este domingo” Entonces Pedro le dijo: SEÑOR, lávame no solo los pies, sino también las manos y la cabeza.
JESUS le dijo: ”El que se ha bañado esta completamente limpio y le basta lavarse los pies. Y ustedes están limpios, aunque no todos.” JESUS sabía quien lo iba a entregar, por eso dijo: “No todos ustedes están limpios.”
Cuando termino de lavarles los pies, se puso de nuevo el manto, volvió a la mesa y les dijo: “¿comprenden lo que he hecho con ustedes? Ustedes me llaman Maestro y SEÑOR, y dicen bien, porque lo soy. Pues si Yo, siendo el SEÑOR y el Maestro, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies unos a otros. Yo les he dado el ejemplo, y ustedes deben hacer lo mismo que he hecho yo.”

Comentario

La mesa compartida es la ocasión para que las vidas se revelen. La vida de Jesús es puro amor, y así lo será hasta el final, amando con el servicio humilde y cariñoso. Nuestras misas también son reveladoras de la vida de nuestra comunidad. Pueden ser solamente un rito externo, o verdadera expresión de una comunidad que se ama. Si es así, este amor se extenderá fuera de la celebración, cuando salgamos al encuentro de aquel que está esperando el servicio y el gesto cariñoso que dignifique su vida.


 JESUS lava los pies a sus Discípulos (Juan 13; 1 – 15)

Antes de la fiesta de pascua, sabiendo JESUS que le había llegado la hora de salir de este mundo para ir al PADRE, como había amado a los suyos que quedaban en el mundo, los amó hasta el extremo.
Estaban comiendo la cena y el diablo ya había depositado en el corazón de Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarle. JESUS, por su parte, sabía que el PADRE había puesto todas las cosas en sus manos y que había salido de DIOS  y que a DIOS volvía. Entonces se levantó de la mesa, se quito el manto y se ató una toalla a la cintura. Echó agua en un recipiente y se puso a lavar los pies de los Discípulos, y luego se los secaba con la toalla que se había atado.
Cuando llegó a Simón Pedro, este le dijo: ¿Tu SEÑOR, me vas a lavar los pies a mi? Y JESUS le contesto: “Tu no puedes comprender ahora lo que estoy haciendo. Lo comprenderás mas tarde” Pedro replicó: Jamás me lavaras los pies. JESUS le respondió: “Si no te lavo, no podrás tener parte este domingo” Entonces Pedro le dijo: SEÑOR, lávame no solo los pies, sino también las manos y la cabeza.
JESUS le dijo: ”El que se ha bañado esta completamente limpio y le basta lavarse los pies. Y ustedes están limpios, aunque no todos.” JESUS sabía quien lo iba a entregar, por eso dijo: “No todos ustedes están limpios.”
Cuando termino de lavarles los pies, se puso de nuevo el manto, volvió a la mesa y les dijo: “¿comprenden lo que he hecho con ustedes? Ustedes me llaman Maestro y SEÑOR, y dicen bien, porque lo soy. Pues si Yo, siendo el SEÑOR y el Maestro, les he lavado los pies, también ustedes deben lavarse los pies unos a otros. Yo les he dado el ejemplo, y ustedes deben hacer lo mismo que he hecho yo.”

Comentario

La mesa compartida es la ocasión para que las vidas se revelen. La vida de Jesús es puro amor, y así lo será hasta el final, amando con el servicio humilde y cariñoso. Nuestras misas también son reveladoras de la vida de nuestra comunidad. Pueden ser solamente un rito externo, o verdadera expresión de una comunidad que se ama. Si es así, este amor se extenderá fuera de la celebración, cuando salgamos al encuentro de aquel que está esperando el servicio y el gesto cariñoso que dignifique su vida.


miércoles, 16 de abril de 2014

Mateo 26; 14 – 25

Entonces uno de los doce, que se llamaba Judas Iscariote, se presento a los jefes de los sacerdotes y les dijo: ¿Cuánto me darán si se los entrego? Ellos prometieron darles treinta monedas de plata. Y a partir de ese momento, Judas andaba buscando una oportunidad para entregárselo.
El primer día de la fiesta que se comía el pan sin levadura, los Discípulos se acercaron a JESUS y le dijeron: ¿Dónde quieres que preparemos la comida de la pascua? JESUS contesto: “Vayan a la ciudad, a casa del tal hombre, y díganle: El Maestro te manda a decir: Mi hora se acerca, y quiero celebrar la pascua con mis Discípulos en tu casa”
Los Discípulos hicieron tal como JESUS les había ordenado y prepararon la pascua.
Llegada la tarde, JESUS se puso a la mesa con los doce. Y mientras comían, les dijo: “En verdad les digo: uno de ustedes me va a traicionar” Se sintieron profundamente afligidos, y uno a uno comenzaron a preguntarse: ¿Seré yo, SEÑOR?
El contesto: “El que me va a entregar es uno de los que moja su pan conmigo en el plato. El HIJO del hombre se va, como dicen las escrituras, pero ¡pobre de aquel que entregue al hijo del hombre!, ¡sería mejor para él no haber nacido!”  Judas el que lo iba a entregar, le pregunto también: ¿seré yo acaso, maestro? JESUS respondió: “Tú lo has dicho”

Comentario

Dos preguntas tan diversas: una de parte de Judas, “¿Qué me dan si les entrego a Jesús?”; y otra de parte de los amigos, “¿Dónde querés que te preparemos la Pascua?”. Ante Jesús hay posturas muy antagónicas y determinantes. Esto llevará a que cada uno tome decisiones.



martes, 15 de abril de 2014

Juan 12; 21 – 33;  36 – 38

Tras decir estas cosas, JESUS se conmovió en su espíritu y dijo con toda claridad: “En verdad les digo: uno de ustedes me va a entregar ” Los Discípulos se miraron unos a otros, pues no sabían a quien se refería. Uno de sus Discípulos, el que JESUS amaba, estaba recostado a su lado en la mesa, y Simón Pedro le hizo señas para que el preguntara de quien hablaba. Se volvió hacia JESUS y le pregunto: SEÑOR, ¿Quién es? JESUS le contesto: “Voy a mojar un pedazo de pan en el plato. Aquel al cual se lo dé, ese es”
JESUS mojo un pedazo de pan y se lo dio a Judas Iscariote, hijo de Simón, Apenas judas tomo el pedazo de pan, Satanás entro en él. Entonces JESUS le dijo: “Lo que vas a hacer hazlo pronto”
Ninguno de los que estaban en la mesa comprendió porque JESUS se lo decía. Como Judas tenía la bolsa común, algunos creyeron que JESUS quería decirle: Compra lo que nos hace falta para la fiesta… o bien: Da algo a los pobres. Judas se comió el pedazo de pan y salió inmediatamente. Era de noche.
Cuando Judas Salió, JESUS dijo: “Ahora es glorificado el hijo del hombre y DIOS es glorificado en EL. Por lo tanto, DIOS lo va a introducir en su propia gloria, y lo glorificará muy pronto.
Hijos míos, Yo estaré con ustedes por muy poco tiempo. Me buscarán, y como ya dije a los Judíos ahora les digo a ustedes: no pueden venir.“
Simón Pedro le pregunto: SEÑOR, ¿a donde vas? JESUS le respondió: “A donde Yo voy no puedes seguirme ahora, pero me seguirás mas tarde.” Pedro le dijo: SEÑOR, ¿Por qué no puedo seguirte ahora? Estoy dispuesto a dar mi vida por Ti. JESUS le respondió: “¿dar la vida por mi? En verdad te digo que antes que cante el gallo me habrás negado tres veces”

Comentario

“Jesús es el que tiene toda la intimidad del Padre y es el único que lo conoce y puede hablar de él. Esta relación existente entre Cristo y el Padre se reproduce ahora entre Cristo y el discípulo: el que cumple las condiciones de discípulo amado de Jesús es el que ‘se recuesta sobre el pecho del Señor’ y recibe sus confidencias, sentado junto a él en la mesa, para poder comunicarlas a los demás“ (Luis H. Rivas, ¿Qué es un evangelio?, Ed. Claretiana).


lunes, 14 de abril de 2014

La cena de Betania (Juan 12: 1 - 11)

Seis días antes de la pascua fue JESUS a Betania, donde estaba Lázaro, a quien JESUS había resucitado de entre los muertos. Allí lo invitaron a una cena. María servía y Lázaro estaba entre los invitados. María, pues,  tomo una libra de perfume muy caro, le ungió los pies a JESUS y luego se los seco con sus cabellos mientras la casa se llenaba del olor del perfume.
Judas Iscariote el discípulo que iba a entregar a JESUS, dijo: Ese perfume se hubiera podido vender en trecientos denarios para ayudar a los pobres. En realidad no le importaban los pobres, sino que era un ladrón y,  como estaba encargado de la bolsa común se llevaba lo que se echaba en ella.
Pero JESUS dijo: “Déjala, pues lo tenia reservado para el día de mi entierro, a los pobres los tiene siempre con ustedes, pero a mi no me tendrán siempre.”
Muchos Judíos supieron que JESUS estaba allí y fueron, no solo por ver a JESUS, sino también por ver a Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos. Entonces los jefes de los sacerdotes pensaron en dar muerte también a Lázaro, pues por su causa muchos Judíos se alejaban  de ellos y creían en JESUS.



domingo, 13 de abril de 2014

Evangelio?(texto breve) Mt 27, 1-2. 11-54
Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Mateo.
¿Tú eres el rey de los judíos?
C. Después de ser arrestado, todos los Sumos Sacerdotes y ancianos del pueblo deliberaron sobre la manera de hacer ejecutar a Jesús. Después de haberlo atado, lo llevaron ante Pilato, el gobernador, y se lo entregaron. Jesús compareció ante el gobernador, y este le preguntó:
 ¿Tú eres el rey de los judíos?  Él respondió: “Tú lo dices”.  Al ser acusado por los sumos sacerdotes y los ancianos, no respondió nada. Pilato le dijo: ¿No oyes todo lo que declaran contra ti?” Jesús no respondió a ninguna de sus preguntas, y esto dejó muy admirado al gobernador. En cada fiesta, el gobernador acostumbraba a poner en libertad a un preso, a elección del pueblo. Había entonces uno famoso, llamado Jesús Barrabás. Pilato preguntó al pueblo que estaba reunido: ¿A quién quieren que ponga en libertad, a Jesús Barrabás o a Jesús, llamado el Mesías? Él sabía bien que lo habían entregado por envidia. Mientras estaba sentado en el tribunal, su mujer le mandó decir: No te mezcles en el asunto de ese justo, porque hoy, por su causa, tuve un sueño que me hizo sufrir mucho.
Mientras tanto, los sumos sacerdotes y los ancianos convencieron a la multitud que pidiera la libertad de Barrabás y la muerte de Jesús. Tomando de nuevo la palabra, el gobernador les preguntó: ¿A cuál de los dos quieren que ponga en libertad? Ellos respondieron: A Barrabás. Pilato continuó: ¿Y qué haré con Jesús, llamado el Mesías?  Todos respondieron: ¡Que sea crucificado! Él insistió: ¿Qué mal ha hecho? Pero ellos gritaban cada vez más fuerte: ¡Que sea crucificado! Al ver que no se llegaba a nada, sino que aumentaba el tumulto, Pilato hizo traer agua y se lavó las manos delante de la multitud, diciendo: Yo soy inocente de esta sangre. Es asunto de ustedes. Y todo el pueblo respondió: Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos. Entonces, Pilato puso en libertad a Barrabás; y a Jesús, después de haberlo hecho azotar, lo entregó para que fuera crucificado.
Salud, rey de los judíos
Los soldados del gobernador llevaron a Jesús al pretorio y reunieron a toda la guardia alrededor de él. Entonces lo desvistieron y le pusieron un manto rojo. Luego tejieron una corona de espinas y la colocaron sobre su cabeza, pusieron una caña en su mano derecha y, doblando la rodilla delante de él, se burlaban, diciendo: Salud, rey de los judíos. Y escupiéndolo, le quitaron la caña y con ella le golpeaban la cabeza. Después de haberse burlado de él, le quitaron el manto, le pusieron de nuevo sus vestiduras y lo llevaron a crucificar. Fueron crucificados con él dos bandidos. Al salir, se encontraron con un hombre de Cirene, llamado Simón, y lo obligaron a llevar la cruz. Cuando llegaron al lugar llamado Gólgota, que significa “lugar del Cráneo”, le dieron de beber vino con hiel. Él lo probó, pero no quiso tomarlo. Después de crucificarlo, los soldados sortearon sus vestiduras y se las repartieron; y sentándose allí, se quedaron para custodiarlo. Colocaron sobre su cabeza una inscripción con el motivo de su condena: “Este es Jesús, el rey de los judíos”. Al mismo tiempo, fueron crucificados con él dos bandidos, uno a su derecha y el otro a su izquierda. Si eres Hijo de Dios, baja de la cruz. Los que pasaban, lo insultaban y, moviendo la cabeza, decían: Tú, que destruyes el Templo y en tres días lo vuelves a edificar, ¡sálvate a ti mismo, si eres Hijo de Dios, y baja de la cruz! De la misma manera, los sumos sacerdotes, junto con los escribas y los ancianos, se burlaban, diciendo: ¡Ha salvado a otros y no puede salvarse a sí mismo! Es rey de Israel: que baje ahora de la cruz y creeremos en él. Ha confiado en Dios; que él lo libre ahora si lo ama, ya que él dijo: ‘Yo soy Hijo de Dios’. También lo insultaban los bandidos crucificados con él.
Elí, Elí, ¿lemá sabactaní?
Desde el mediodía hasta las tres de la tarde, las tinieblas cubrieron toda la región. Hacia las tres de la tarde, Jesús exclamó en alta voz: “Elí, Elí, lemá sabactaní”. Que significa: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”. Algunos de los que se encontraban allí, al oírlo, dijeron: Está llamando a Elías. En seguida, uno de ellos corrió a tomar una esponja, la empapó en vinagre y, poniéndola en la punta de una caña, le dio de beber. Pero los otros le decían: Espera, veamos si Elías viene a salvarlo. Entonces Jesús, clamando otra vez con voz potente, entregó su espíritu.
Inmediatamente, el velo del Templo se rasgó en dos, de arriba abajo, la tierra tembló, las rocas se partieron y las tumbas se abrieron. Muchos cuerpos de santos que habían muerto resucitaron y, saliendo de las tumbas después que Jesús resucitó, entraron en la Ciudad santa y se aparecieron a mucha gente. El centurión y los hombres que custodiaban a Jesús, al ver el terremoto y todo lo que pasaba, se llenaron de miedo y dijeron:  ¡Verdaderamente, este era Hijo de Dios!
Comentario

“Ante la inminencia del drama, Jesús, plenamente hombre, experimenta una profunda angustia. Y Mateo subraya la insistencia de una triple oración que resume los más bellos comentarios posteriores del Padrenuestro. Toda oración de petición consiste en una lucha, un discernimiento que llega hasta que la voluntad del orante concuerda con la del padre: ‘que se haga tu voluntad’” (C. Tassin, Evangelio de Jesucristo según san Mateo, Ed. Verbo Divino).

sábado, 12 de abril de 2014

Los jefes Judíos deciden la muerte de JESUS (Juan 11, 45 – 57)

Muchos Judíos que había ido a la casa de María creyeron en JESUS al ver lo que había echo. Pero otros fueron donde los fariseos y le contaron lo que JESUS había echo.
Entonces los jefes de los sacerdotes y los fariseos convocaron el consejo y preguntaban ¿Qué hacemos? Este hombre hace muchos milagros. Si solo dejamos que siga así, todos van a creer en EL, y luego intervendrán los romanos y luego destruirán nuestro lugar Santo y nuestra nación.
Entonces hablo uno de ellos, Caifas, que era el sumo sacerdote aquel año y dijo: Ustedes no entienden anda; No se dan cuenta de que es mejor que muera un solo hombre  por el pueblo y no que perezca toda una nación.
Estas palabras no venían de si mismo, sino que, como era sumo sacerdote aquel año profetizo en aquel momento; JESUS iba a morir por la nación; y no solo por la nación,  sino para reunir a los hijos de DIOS que estaban dispersos.
Y desde ese día estuvieron decididos a matarlo. JESUS ya no podía moverse libremente como quería entre los judíos. Se retiro, pues, a la región cercana al desierto y se quedó con sus Discípulos en una ciudad llamada Efraín.
Se acercaba la pascua de los judíos, y de todo el país subían a Jerusalén para purificarse, antes de la Pascua. Buscaban a JESUS y se decían unos a otros en el templo: ¿Qué les parece? ¿Vendrá a la fiesta? Pues los jefes de los sacerdotes y los fariseos habían dado ordenes, y si alguien sabia donde se encontraba JESUS, debía notificarlo para que sea arrestado.

Comentario

A Jesús lo quieren matar porque hace “signos”. Estos signos reflejan nueva vida, una vida renovada y liberada. ¿Qué signos hoy necesitan nuestros hermanos para vivir esa liberación que trajo Jesús? ¿Nos damos cuenta de que al realizar esos signos corremos también los mismos riesgos que corrió Jesús?


viernes, 11 de abril de 2014

Juan 10; 31 – 42

Entonces los Judíos tomaron de nuevo piedras para tirárselas. JESUS les dijo: “He hecho delante de ustedes muchas obras hermosas que procedían del PADRE; ¿por cuales de ellas me quieren apedrear?” Los Judíos respondieron: No te apedreamos por algo hermoso que hayas echo sino por insultar a DIOS; porque tú, siendo hombre te haces DIOS.
JESUS les contesto: “¿No esta escrito en su ley: Yo he dicho que son dioses? No se puede cambiar la escritura, y en ese lugar llaman dioses a los que recibieron esta palabra de DIOS. Y YO, que fui consagrado y enviado al mundo por el PADRE, ¿estaría insultando a DIOS al decir que soy el HIJO de DIOS? Si YO no hago las obras del PADRE, no me crean. Pero si las hago, si no me creen a MI, crean en las obras, para que sepan y reconozcan que el PADRE esta en MI y YO en el PADRE.”
Otra vez quisieron llevarlo preso, pero JESUS se les escapo de las manos. Se marcho de nuevo al otro lado del Jordán, donde Juan bautizaba al principio y se quedo allí. Mucha gente acudió a EL, y decían: Juan no hizo ninguna señal milagrosa, pero todo lo que dijo de éste era verdad.

Comentario

Acusan a Jesús no por las obras que hace, sino porque él confiesa ser Hijo de Dios. Pero sabemos que una cosa depende de la otra, porque lo que Jesús confiesa es lo que vive.



jueves, 10 de abril de 2014

Juan 8; 51 – 59

“En verdad les digo: El que guarda mi palabra no probará la muerte jamás” Los Judíos replicaron: Ahora sabemos que eres victima de un mal espíritu. Abrahán murió y también los profetas, ¿y tu dices: el que guarde mi palabra jamás probara la muerte?; ¿eres tu mas grande que nuestro padre Abrahán, que murió lo mismo que murieron los profetas?; ¿Quién te crees que eres?
JESUS les contesto: “Si Yo me doy gloria a mi mismo, mi gloria no vale nada; es el PADRE quien  me da gloria, el mismo que ustedes llaman nuestro DIOS. Ustedes no lo creen, Yo si lo conozco, y si dijera que no lo conozco, sería un mentiroso como ustedes. Pero Yo lo conozco y guardo su palabra. En cuanto a Abrahán, padre de ustedes, se alegro pensando ver mi día. Lo vio y se regocijo.”
Entonces los Judíos le dijeron: ¿Aun no tienes cincuenta años y has visto a Abrahán? Contesto JESUS: “En verdad les digo que antes que Abrahán existiera, Yo Soy”
Entonces tomaron piedras para lanzárselas, pero JESUS se oculto y salió del templo.

Comentario

Uno de los objetivos del evangelio de Juan es mostrarnos cómo Jesús se fue revelando a sus contemporáneos. El texto de hoy muestra un momento clave de esa revelación: su intimidad con el Padre. Y eso es algo que muchos no pudieron aceptar.


miércoles, 9 de abril de 2014

Los hijos de la verdad (Juan 8; 31 - 42)

JESUS decía a los Judíos que había creído en EL: “Ustedes serán verdaderos discípulos Míos si perseveran en Mi palabra; entonces conocerán la verdad, y la verdad los hará libres.” Le respondieron: Somos descendientes de Abrahán y nunca hemos sido esclavos de nadie, ¿Por qué dices: ustedes serán libres?
JESUS les contesto: “En verdad, en verdad les digo: el que vive en el pecado es esclavo del pecado. Pero el esclavo no se quedará en la casa para siempre; el HIJO en cambio, permanece para siempre. Por lo tanto, si el HIJO los hace libres, ustedes serán realmente libres. YO se que ustedes son descendientes de Abrahán, pero mi palabra no tiene acogida en ustedes, y por eso tratan de matarme. Yo hablo de lo que he visto junto a mi PADRE, y ustedes hacen lo que han aprendido de su padre”
Ellos le cortaron la palabra: Nuestro padre es Abrahán. Entonces JESUS les dijo: “Si ustedes fueran hijos de Abrahán, actuarían como Abrahán. Pero viene alguien que les dice la verdad, la verdad que He aprendido de DIOS, y ustedes quieren matarme. Esta no es la manera de actuar de Abrahán.”

Comentario

A veces creemos que es mejor ocultar, meter entre las sombras lo que consideramos que puede dañar o molestar a alguien. Sin embargo, lo que se oculta termina oprimiendo y, por lo tanto, lastimando mucho más. “La verdad los hará libres” es un postulado que debemos seguir siempre. Puede costar mucho, pero sin duda nos hace más dignos a todos.


martes, 8 de abril de 2014

YO soy la luz del mundo (Juan 8; 21 - 30)

De nuevo JESUS les dijo: “YO me voy y ustedes me buscarán. Pero ustedes no pueden ir donde YO voy y morirán en su pecado”. Los Judíos se preguntaban: ¿Por qué dice que a donde EL va nosotros no podemos ir? ¿pensará tal vez en suicidarse?
Pero JESUS les dijo: “Ustedes son de abajo, YO soy de arriba. Ustedes son de éste mundo, YO no soy de éste mundo.
Por eso les he dicho que morirán en sus pecados. Yo les digo que si ustedes no creen que Yo soy, morirán en sus pecados. ”Le preguntaron: Pero, ¿Quién eres tú? JESUS les contesto: “Exactamente lo que acabo de decirles. Tengo mucho que decir sobre ustedes y mucho que condenar, pero lo que digo al mundo lo aprendí del que me ha enviado; EL es mas veraz.”
Ellos no comprendieron que JESUS les hablaba del PADRE. Y añadió: “Cuando levanten en alto al HIJO del hombre, entonces conocerán que YO soy y que no hago nada por mi cuenta, sino que solo digo lo que el PADRE me ha enseñado.  El que me ha enviado esta conmigo y no me deja nunca solo, porque Yo hago siempre lo que le agrada a EL.”
Esto es lo que decía JESUS y muchos creyeron en EL.-

Comentario

Elevado por encima de todos los poderes, de todos los males, y de todos los límites, Jesús nos invita y nos atrae hacia él. Nos pone en movimiento y caminamos hacia una vida que nunca termina.


lunes, 7 de abril de 2014

La mujer adúltera (Juan 8, 1 – 11)

JESUS, por su parte, se fue al monte de los olivos. Al amanecer estaba ya nuevamente en el templo; toda la gente acudía a EL, y EL se sentaba para enseñarles.
Los maestros de la ley y los Fariseos le trajeron una mujer que había sido sorprendida en adulterio. La colocaron en medio y le dijeron: Maestro, esta mujer es una adúltera y ha sido sorprendida en el acto. En un caso como éste la ley de Moisés ordena matar a pedradas a la mujer. Tu ¿que dices? Le hacían ésta pregunta para ponerlo en dificultades y tener algo de que acusarlo.
Pero JESUS se inclinó y se puso a escribir en el suelo con el dedo. Como ellos insistían en preguntarle, se enderezó y les dijo: “Aquel de ustedes que no tenga pecado, que arroje la primera piedra” Se inclinó de nuevo y siguió escribiendo en el suelo.
Al oír estas palabras, se fueron retirando uno tras otro, comenzando por los mas viejos, hasta que se quedo JESUS solo con la mujer, que seguía de pie ente El.
Entonces se enderezo y le dijo: “Mujer ¿Dónde están?, ¿ninguno te ha condenado?” Ella contesto: Ninguno SEÑOR. Y JESUS le dijo: “Tampoco Yo te condeno. Vete y en adelante no vuelvas a pecar.”

Comentario

Estas palabras de Jesús hoy resuenan no solo en nuestros oídos, sino especialmente en nuestro corazón: “Yo no te condeno, no peques más”. Sentimos su voz, nos dejamos tocar por su mirada, hasta sus manos pueden tocarnos con ternura y abrazarnos y llevarnos hacia su pecho. “No te condeno, no peques más”. Y nos cambia la vida, porque nos impulsa a cambiarla. Estamos renovados. ¡Hemos sido rescatados!



domingo, 6 de abril de 2014

Evangelio (Texto breve) Jn 11, 1-7. 20-27. 33b-45.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Juan.
Había un hombre enfermo, Lázaro de Betania, del pueblo de María y de su hermana Marta. María era la misma que derramó perfume sobre el Señor y le secó los pies con sus cabellos. Su hermano Lázaro era el que estaba enfermo. Las hermanas de Lázaro enviaron a decir a Jesús: “Señor, el que tú amas, está enfermo”. Al oír esto, Jesús dijo: “Esta enfermedad no es mortal; es para gloria de Dios, para que el Hijo de Dios sea glorificado por ella”. Jesús quería mucho a Marta, a su hermana y a Lázaro. Sin embargo, cuando oyó que éste se encontraba enfermo, se quedó dos días más en el lugar donde estaba. Después dijo a sus discípulos: “Volvamos a Judea”. Al enterarse de que Jesús llegaba, Marta salió a su encuentro, mientras María permanecía en la casa. Marta dijo a Jesús: “Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. Pero yo sé que aun ahora, Dios te concederá todo lo que le pidas”. Jesús le dijo: “Tu hermano resucitará” Marta le respondió: “Sé que resucitará en la resurrección del último día”. Jesús le dijo: “Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?”. Ella le respondió: “Sí, Señor, creo que tú eres el Mesías, el Hijo de Dios, el que debía venir al mundo”. Jesús, conmovido y turbado, preguntó: “¿Dónde lo pusieron?”. Le respondieron: “Ven, Señor, y lo verás”. Y Jesús lloró. Los judíos dijeron: “¡Cómo lo amaba!”. Pero algunos decían: “Éste que abrió los ojos del ciego de nacimiento, ¿no podía impedir que Lázaro muriera?”. Jesús, conmoviéndose nuevamente, llegó al sepulcro, que era una cueva con una piedra encima, y dijo: “Quiten la piedra”. Marta, la hermana del difunto, le respondió: “Señor, huele mal; ya hace cuatro días que está muerto”. Jesús le dijo: “¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?”. Entonces quitaron la piedra, y Jesús, levantando los ojos al cielo, dijo: “Padre, te doy gracias porque me oíste. Yo sé que siempre me oyes, pero lo he dicho por esta gente que me rodea, para que crean que tú me has enviado”. Después de decir esto, gritó con voz fuerte: “¡Lázaro, ven afuera!”. El muerto salió con los pies y las manos atados con vendas, y el rostro envuelto en un sudario. Jesús les dijo: “Desátenlo para que pueda caminar”. Al ver lo que hizo Jesús, muchos de los judíos que habían ido a casa de María creyeron en él.
Palabra del Señor.

Comentario


“Jesús reprocha a Marta su incredulidad. Su amor ha realizado ya su obra en Lázaro, pero ella no puede verlo hasta que no llegue a creer. Se lo impide su persistencia en la antigua concepción, representada por la losa que cierra el sepulcro. La fe aparece aquí como condición para ver/experimentar personalmente (verás) la gloria-amor de Dios, manifestado en el don de la vida definitiva” (J. Mateos, J. Barrientos, El Evangelio de Juan, Ed. Cristiandad).